Su primer encuentro se dio probablemente en la histórica Plaza del Trocadero, que conecta con varias importantes avenidas; entre ellas, la Avenue Kébler, donde Salvador tenía su taller. Además, pertenecía al mismo distrito XVI, por lo que, para ambos, la zona formaba parte de su día a día.
El 9 de marzo de 1946, Salvador de 28 años y Suzanne de 25 se casaron en una sencilla ceremonia en la Prefectura del Distrito XVI de París, a las 10:30 de la mañana. Suzanne había dado el “sí” en el registro civil parisino con la ilusión de formar una familia y sobre todo una vida al lado de su enamorado, quien había dedicado grandes empeños para convencerla de ello.
Suzanne había nacido el 25 de junio de 1921 en la casi extinta localidad campirana de Le Gast, ubicada en Calvados. En la imaginación de muchos podría suponerse que el suyo era un encantador entorno para el desarrollo de la vida: su clima, la calidez de su gente, el pequeño río Senne que humedecía sus tierras y verdosas praderas… Pero las fatídicas guerras que enmarcaron su infancia y juventud fueron también la tragedia de Le Gast e incluso de Pirou-Sur-Mer, el pueblo adonde solía ir a la playa y que finalmente fue consumido por estas.
Carencias, penurias, enfermedades y duelo fueron entonces parte de lo cotidiano en la región normanda y la familia de Suzanne no pudo hacerse de un panorama más próspero o por lo menos digno. Además, la tragedia no tardó en cernirse sobre Suzanne y su hermana menor, Cécile, cuando fueron notificadas de la muerte de su padre a causa de la tuberculosis, la cual se sumaba a la de su madre, ocurrida alrededor de ocho años antes.
Suzanne entonces tenía escasos quince años de edad y una vida cuyas fatídicas experiencias fortalecieron su alma y espíritu, a la vez que la orillaron a madurar rápido. Casi de inmediato entró a trabajar en un almacén y tienda de telas donde las tareas eran diversas y pesadas: lavar pisos arrodillada, ordenar mercancía y más. Pero gracias a su disposición, constancia y estricta disciplina fue ascendiendo, hasta ser encargada del lugar.
Pasaron algunos años cuando una crítica peritonitis la postró frente a la muerte a sus dieciocho años. En la tienda de telas, desafortunadamente, no creyeron en ella cuando les anunció de su malestar, pero por fortuna tuvo la lucidez y la fortaleza para atenderse a pesar de los malos tratos que recibía de las monjas, aunque en precarias condiciones.