Fondation Culturelle
Salvador Pesquera Amaudrut et
Suzanne Barbé Lemenorel

Introduction

Introduction

Ahí, entre los cientos de pasajeros arremolinados en el puerto que estaban a punto de subir a cubierta, se encontraba el joven matrimonio de Salvador y Suzanne, que además esperaba a su primogénito. Cargados de maletas y más aún de ilusiones, dejarían su amada Francia para residir para siempre en la capital mexicana. Tras una brevísima estancia en Nueva York, Salvador y su amada Suzanne arribaron a la Ciudad de México el 1 de marzo siguiente.

Salvador Lázaro Pesquera Amaudrut era entonces un joven de veintinueve años; Suzanne Barbé Lemenorel, una delgada chica de veintiséis. Se habían enamorado apenas unos años antes, en plena Segunda Guerra Mundial. Pero ese día, en las inmediaciones de la vieja estación de trenes mexicana, quizá presintieron que el futuro que ahora tenían en sus manos no iba a ser nada sencillo. Sin embargo, eran sabedores de que encontrarían el terreno fértil para desarrollar una vida amorosa y productiva en familia.

Para Salvador, por ejemplo, la vida desde sus tiernos años le deparó duras pruebas que sin duda templaron su carácter y lo prepararon para sortear dificultades y tomar decisiones asertivas; desde que comenzó a trabajar juntando leña para los hogares del pueblo campirano de Mailley, al norte de Francia, aprendió valores que lo acompañarían toda su vida, como las responsabilidades, la solidaridad o el apoyo irrestricto a familiares y amigos.

Por su parte, Suzanne también había superado grandes dificultades durante su infancia y adolescencia, cuando tuvo que lidiar con la muerte de su padre y comenzar a trabajar con apenas quince años. Por esto y más, abrazaron la ilusión de que las cosas fueran mucho mejores estando juntos; pero, como ambos lo habían hecho hasta entonces, este camino solo iba a materializarse con dedicación y trabajo. Con mucho sacrificio.

Desde joven Salvador comenzó a familiarizarse con la madera. Cuando estaba a punto de cumplir trece años, ingresó el 1 de septiembre de 1931 al curso de carpintería que impartió el Institution Bordault de Vesoul, el cual concluyó poco más de un año después. Pasarían apenas unos meses cuando el adolescente, probablemente cautivado por lo antes aprendido y a punto también de explorar sus habilidades artísticas, toma cursos entre 1933 y 1934 en la Cámara Sindical de los Contratistas de Carpintería y Parqué de la Ciudad de París y del Departamento del Sena.

Aún no es mayor de edad cuando da el salto al mundo laboral, pues es contratado como oficial de ebanistería en 1934, para trabajar con los maestros ebanistas de Hauchercorne & Masseux Ebanisterie D’Art en la reparación de muebles antiguos, como el mobiliario del Palacio de Versalles. Para la mayoría resultaría imposible dimensionar la gran responsabilidad que esto implicaba, así como el gran talento desplegado a tan corta edad para poder llegar ahí.

El dedicado trabajo artístico que Salvador imprimió en cada proceso de restauración, en cada creación, en cada diseño, en cada talla, muy pronto comenzarían a conferirle un nombre y un prestigio del que jamás se separó. Con talento, dedicación e ingenio comenzó a canalizar y aplicar cada vez más y mejor los aprendizajes acumulados hasta entonces. Luego, en la década de 1930 entró a la Escuela del Museo del Louvre, donde, en lo profesional, alcanzó la categoría de jefe restaurador de los muebles de este recinto.

Permaneció ahí alrededor de cuatro años, siendo parte de un selecto grupo de artistas dedicados en cuerpo y alma a la ebanistería y las artes decorativas. Salvador fue también parte de esa última generación de ebanistas del arte que egresó de esta prestigiosa escuela a la que muy pocos en Francia y el mundo tenían acceso.

Su primer encuentro se dio probablemente en la histórica Plaza del Trocadero, que conecta con varias importantes avenidas; entre ellas, la Avenue Kébler, donde Salvador tenía su taller. Además, pertenecía al mismo distrito XVI, por lo que, para ambos, la zona formaba parte de su día a día.

El 9 de marzo de 1946, Salvador de 28 años y Suzanne de 25 se casaron en una sencilla ceremonia en la Prefectura del Distrito XVI de París, a las 10:30 de la mañana. Suzanne había dado el “sí” en el registro civil parisino con la ilusión de formar una familia y sobre todo una vida al lado de su enamorado, quien había dedicado grandes empeños para convencerla de ello.

Suzanne había nacido el 25 de junio de 1921 en la casi extinta localidad campirana de Le Gast, ubicada en Calvados. En la imaginación de muchos podría suponerse que el suyo era un encantador entorno para el desarrollo de la vida: su clima, la calidez de su gente, el pequeño río Senne que humedecía sus tierras y verdosas praderas… Pero las fatídicas guerras que enmarcaron su infancia y juventud fueron también la tragedia de Le Gast e incluso de Pirou-Sur-Mer, el pueblo adonde solía ir a la playa y que finalmente fue consumido por estas.

Carencias, penurias, enfermedades y duelo fueron entonces parte de lo cotidiano en la región normanda y la familia de Suzanne no pudo hacerse de un panorama más próspero o por lo menos digno. Además, la tragedia no tardó en cernirse sobre Suzanne y su hermana menor, Cécile, cuando fueron notificadas de la muerte de su padre a causa de la tuberculosis, la cual se sumaba a la de su madre, ocurrida alrededor de ocho años antes.

Suzanne entonces tenía escasos quince años de edad y una vida cuyas fatídicas experiencias fortalecieron su alma y espíritu, a la vez que la orillaron a madurar rápido. Casi de inmediato entró a trabajar en un almacén y tienda de telas donde las tareas eran diversas y pesadas: lavar pisos arrodillada, ordenar mercancía y más. Pero gracias a su disposición, constancia y estricta disciplina fue ascendiendo, hasta ser encargada del lugar.

Pasaron algunos años cuando una crítica peritonitis la postró frente a la muerte a sus dieciocho años. En la tienda de telas, desafortunadamente, no creyeron en ella cuando les anunció de su malestar, pero por fortuna tuvo la lucidez y la fortaleza para atenderse a pesar de los malos tratos que recibía de las monjas, aunque en precarias condiciones.